Además de Minnesota, otros estados como Arkansas, Indiana y Utah ya habían emprendido acciones legales contra la plataforma, alegando que TikTok engaña a los padres y oculta los verdaderos efectos de su uso en menores. Las fiscalías estatales sostienen que la compañía manipula los algoritmos para maximizar el tiempo de conexión y, con ello, las ganancias publicitarias, sin medir las consecuencias psicológicas en sus usuarios más jóvenes.
Expertos en salud mental respaldan estas acusaciones, señalando que el uso excesivo de redes sociales como TikTok está vinculado con el aumento de la ansiedad, depresión y trastornos del sueño en adolescentes. De hecho, algunos estudios recientes apuntan a que la naturaleza infinita del scroll y las notificaciones constantes generan una dependencia difícil de controlar, comparable con la adicción a los videojuegos o incluso a sustancias.
Por su parte, TikTok ha defendido en reiteradas ocasiones que implementa controles de seguridad, límites de tiempo y herramientas de supervisión parental. Sin embargo, críticos afirman que estas medidas son insuficientes y no resuelven el verdadero problema: un modelo de negocio basado en la permanencia ilimitada de los usuarios en la plataforma. La batalla judicial en Minnesota podría, por tanto, reforzar los intentos de regular más estrictamente a la aplicación en todo Estados Unidos.