La seguridad en nuestras fronteras nunca debió haber sido tan frágil, pero la realidad reciente nos golpeó con toda la fuerza en el Aeropuerto Internacional de las Américas (AILA). En medio de un operativo que sacudió los cimientos de la confianza pública, las autoridades han dado con uno de los guardianes del orden que, lejos de proteger a la nación, traicionaba su uniforme para facilitar la salida ilegal. Se trata de Esteban Nohassis Mogena González, un inspector de la Dirección General de Migración (DGM) cuyo nombre ahora se asocia no al servicio público, sino a la corrupción sistémica que tanto nos duele.
El guardia que abría las puertas
Imaginen el escenario: una terminal aeroportuaria donde cientos de viajeros cruzan fronteras buscando oportunidades o regresando a sus hogares. Allí debía operar con rigor absoluto. Sin embargo, según se ha reportado, este inspector alteraba deliberadamente los controles establecidos para permitir que personas salieran del país sin autorización. La gravedad del caso radica en que esto no fue un error humano, sino una práctica intencionada que ponía en riesgo la soberanía de República Dominicana y facilitaba el contrabando o la fuga de nacionales con impedimentos legales.
Lo más impactante es que fue apresado en flagrante delito. Eso significa que los oficiales llegaron justo cuando él estaba ejecutando su tarea criminal. Mientras sus compañeros de trabajo verificaban pasaportes y visas, él, desde su puesto de autoridad, era el cómplice invisible de quienes intentaban evadir la ley. Se señala que permitió que dos ciudadanos dominicanos con impedimento de salida cruzaran la línea roja sin ser detectados, demostrando que dentro del edificio más emblemático de nuestra aviación civil, había huecos por donde se filtraba la deslealtad.
- El impacto en la credibilidad: Cada vez que un dominicano viaja al exterior o regresa a casa, espera encontrar una barrera sólida. Cuando esa barrera es manipulada desde dentro, el daño no es solo económico por las pérdidas de divisas, sino moral. Desmoraliza a todos los funcionarios honestos que cumplen su deber con integridad mientras otros venden la seguridad nacional.
- La complicidad del sistema: Pregunta ahora: ¿cómo permitió esto pasar durante tanto tiempo? Fuentes locales indican que podría haber una red más amplia, aunque hasta que no haya pruebas, debemos exigir justicia solo para el autor material. Pero esto nos obliga a cuestionar si la supervisión interna en AILA era tan laxa como parece.
Para el pueblo dominicano, que sufre con la escasez y las dificultades diarias, ver que los propios encargados de proteger los recursos del Estado lo hacen para beneficio propio o de terceros es una herida abierta. La corrupción no se limita a los sobornos en la calle; también habita en los pasillos administrativos donde un simple carnet puede convertirse en una herramienta de destrucción institucional.
Ahora, la DGM debe responder con transparencia total. No basta con apresar a uno para que parezca que todo está bien. Debemos exigir investigaciones profundas sobre por qué Esteban Nohassis Mogena González tenía acceso a alterar los controles y quiénes lo vigilaban. La ley es clara: quien traiciona la patria, sin importar su uniforme, debe pagar el precio. Mientras tanto, recordemos que cada ciudadano dominicano merece salir de este país con las garantías que nos corresponden por nuestra Constitución.
Este caso es una advertencia para todos los sectores del estado. La confianza se gana día a día y se pierde en un solo acto de deshonestidad. Esperamos que la justicia sea rápida y contundente, cerrando este capítulo de vergüenza para AILA y devolviendo la dignidad a los uniformes de Migración.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.
