El compromiso roto en La Seibita
Hay cosas en esta vida que se dicen y no se cumplen, y una carretera que promete llegar donde debe, pero nunca llega, es la prueba viviente de eso. Los trabajos en la vía de Casabito, específicamente en el kilómetro 10 del tramo La Seibita, comenzaron hace más de un año, justo el 28 de julio del pasado ejercicio fiscal. Sin embargo, lo que nació como una obra pública con fecha de entrega ha mutado en una pesadilla para los habitantes de la zona: una prolongación interminable que ya supera el año calendario.
¿Dónde está el asfalto?
La realidad es dura y se ve a simple vista. Mientras los anuncios oficiales prometen solidez, lo que encontramos en el terreno es un camino que parece haber dormido desde que empezaron las máquinas. La intervención inicial fue clara: mejorar la conectividad de una zona estratégica. Pero hoy, más de 365 días después, la ciudadanía se pregunta si la maquinaria sigue o si ha sido reubicada a otro proyecto menos visible en el mapa político.
Para los vecinos de Casabito y del sector La Seibita, esta demora no es un simple retraso administrativo; es una herida abierta que afecta su economía diaria. Imaginen intentar salir de casa con la incertidumbre de que el camino se hunda bajo las ruedas de los carros o que la lluvia convierta la tierra en barro intransitable. Esos son los días a los que se enfrenta el pueblo, esperando una solución que parece estar detrás del telón.
- La obra arrancó con expectativa alta el 28 de julio.
- Pasaron más de doce meses y la vía sigue en obras paralizadas o muy lentas.
- Los afectados son principalmente los productores agrícolas y comerciantes locales.
No se trata solo de un camino, sino de una promesa quebrada. En un país donde la infraestructura es el motor del desarrollo, cuando una carretera queda abandonada a más de un año de su inicio, el mensaje que se envía es claro: las prioridades pueden estar cambiando o simplemente no hay recursos suficientes para mantener el ritmo prometido.
La situación actual genera un clima de frustración y desconfianza. La gente ha visto otras obras levantarse y caer en plazos cortos, pero esta es diferente porque tiene una fecha de inicio clara y firme: 28 de julio. Que esa fecha haya pasado y la vía esté igual o peor que antes es una noticia difícil de digerir para cualquier dominicano que vive de la tierra o del comercio.
Es momento de ser exigentes. Las autoridades deben dar claridad inmediata: ¿Qué está pasando realmente? ¿Hay falta de presupuesto, problemas técnicos o simplemente negligencia administrativa? El pueblo no espera más excusas en el papel; quiere ver el asfalto, quiere ver los camiones trabajando y quiere una fecha realista de finalización que pueda ser cumplida. Mientras tanto, la carretera de Casabito sigue siendo un recuerdo de lo que pudo ser y no fue.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.
