Una medida que huele a justicia social, aunque se vea en las cuentas
Santo Domingo, capital de la resistencia y el café. Aquí llega la noticia que nos sacude: el presidente Luis Abinader ha firmado lo que muchos llamarán un acto de humanidad brutalmente necesario. ¿Qué pasó? Que el Estado, a través del decreto número 674-26, está poniendo sobre la mesa una pensión especial de RD$40,000 mensuales para nada menos que 29 notarios. Sí, has leído bien: no es un bono, no es un regalo de cumpleaños, es dinero real para los hombres y mujeres que firman nuestros actos de nacimiento, nuestro matrimonio y el testamento de nuestros abuelos.
Imaginen esto por un segundo: son 29 personas que han dedicado su vida a la ley, a la verdad escrita en papel. Pero, ¿qué pasaba con ellos antes? Estaban en condiciones de vulnerabilidad. Es decir, trabajaban para la justicia pero no tenían el respaldo económico que corresponde a quienes custodian la palabra del Estado. Ahora, gracias a este decreto, todos esos notarios recibirán una ayuda mensual que incluye seguro médico incluido. Eso sí es un cambio de tacha en la vida de quien pasa su existencia entre papeles y sellos.
La fecha para empezar a ver ese dinero en el bolsón es clave: los desembolsos iniciarán el 18 del próximo mes de noviembre. ¿Por qué esperar dos semanas si el dolor puede ser inmediato? Porque la administración pública tiene su ritmo, pero al menos se nos dio una fecha clara. Imagínate a esos notarios, probablemente mayores, con la espalda curvada por años de trabajo, pensando que no eran nadie hasta que el jefe del Estado dijo: ‘A partir de ahora, sí son familia’. Ese es el poder de un decreto bien hecho.
En República Dominicana, donde el precio de una libra de arroz y el alquiler de un cuarto en Las Américas o Santiago nos comen el alma, una pensión de RD$40,000 no es solo un número. Es la diferencia entre comer dos veces al día o pasar hambre. Es la capacidad de ir a una consulta médica sin endeudarse con el banco del pueblo. El seguro médico incluido es la segunda mitad de esta medalla de oro. Antes, un notario podía enfermarse y quebrar a su familia; ahora, el Estado se pone las botas para cuidarlos.
El tono popular que pide el país grita ‘¡Gracias, presidente!’. No estamos hablando de corrupción ni de gastos lujosos para palos de oro. Estamos hablando de 29 vidas que ahora tienen un techo más alto y una mesa llena gracias a la firma de Abinader. Es una muestra de que el gobierno se acuerda del pequeño oficinista, del trabajador invisible que hace el trabajo sucio de la burocracia pero con honradez de mártir.
Claro que habrá quienes digan que hay más necesidades, y ahí está la verdad: nunca hay suficientes recursos para todos. Pero reconocer el mérito de estos notarios es un paso hacia adelante. El decreto número 674-26 no es solo papel; es promesa cumplida. Que esos 29 hombres y mujeres puedan dormir tranquilos sabiendo que, si algo les pasa a ellos, el Estado se encarga.
Así de simple, así de directo: el gobierno otorga pensiones de RD$40,000 a 29 notarios. No hay más que analizar. Solo falta que la gente empiece a ver esos cheques llegar en noviembre y decir: ‘Al fin, la justicia tiene un precio digno’. La noticia corre como pólvora seca por las calles dominicanas, y esta vez, explota en beneficio de los ciudadanos.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.
