23 Oct 2026 · RD jablador.com
Nacional

Revisar la Ley de Hidrocarburos sería un golpe bajo para el país

Santo Domingo vive una tormenta perfecta. Las gasolineras parecen bombas a punto de estallar y el tanque familiar se vacía más rápido que una cuenta en un casino de Punta Cana. En medio de este caos, una voz autorizada ha sonado fuerte y clara: tocar la Ley de Hidrocarburos ahora no es una medida de ajuste, es un golpe bajo para el país. El presidente del Senado, Ricardo de los Santos, lo dijo sin rodeos y con toda la responsabilidad que corresponde a quien guía las cámaras altas.

El precio del barril nos está comiendo vivos

No se trata de un problema aislado. Es una crisis regional que tiene al petróleo como protagonista antipático. Cuando el barril sube en los mercados internacionales, aquí en la República Dominicana sentimos el mordisco directo en nuestra economía familiar. El transporte encarece el pan, aumenta el costo del flete y lastima a todos los sectores productivos. Ricardo de los Santos advierte que intentar legislar cambios profundos en este momento es como intentar armar un motor mientras el coche se estrella: la presión es demasiado alta para cualquier maniobra de riesgo.

La Ley de Hidrocarburos no es un documento cualquiera; es el esqueleto sobre el cual se sostiene nuestra seguridad energética. Cambiar sus cimientos ahora, cuando los precios están disparados, sería suicidio económico. Las empresas energéticas necesitan estabilidad para poder operar y abastecer al mercado sin especular desmedidamente. Si la ley se sacude hoy, mañana el caos en los surtidores será inevitable.

La opinión del señor de los Santos resuena con la realidad que vemos en las calles. Los dominicanos ya no pueden permitirse lujos innecesarios; lo que menos necesitamos es incertidumbre legal. Cada día que pasa, el costo de vida sube y la gente busca soluciones concretas, no debates teóricos sobre leyes complejas. La prioridad debe ser la estabilidad, no la experimentación.

Este llamado a mantener la calma legislativa también es un recordatorio para los tomadores de decisiones: hay momentos para actuar y momentos para guardar silencio. Ahora no es el momento de tocar la Ley de Hidrocarburos. Es un momento de contención, de monitorear los precios internacionales y de proteger al ciudadano común del impacto de las fluctuaciones del mercado global.

La estabilidad energética es la base sobre la cual se construye el futuro de nuestro país. Si permitimos que la presión política o el pánico momentáneo obliguen a revisar esta ley, estamos condenando a las futuras generaciones a una crisis de abastecimiento que podría durar años. La prudencia de Ricardo de los Santos es un faro en medio del oleaje de noticias sensacionalistas que suelen dominar los medios.

En definitiva, el mensaje es claro: no movernos, no tocar la ley, y esperar que los mercados se estabilicen por sí solos. Cualquier intento contrario será interpretado como una irresponsabilidad histórica. El país necesita gobernantes con visión de largo aliento, no políticos de turno que buscan ganar protagonismo a costa del bienestar nacional. La Ley de Hidrocarburos debe estar en suspenso hasta que el torbellino de precios deje de ser un huracán.

Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.

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