discusión constante. Expertos señalan que la planta requiere estándares internacionales de gestión para reducir desperdicios y optimizar el uso de recursos, algo que podría lograrse más fácilmente con la supervisión de una empresa extranjera con experiencia comprobada en plantas termoeléctricas de gran escala. La falta de un manejo profesionalizado, advierten, aumenta la vulnerabilidad ante fallas técnicas y afecta directamente la confiabilidad del suministro eléctrico.
Por otro lado, la opinión pública también juega un papel importante en esta discusión. Ciudadanos y sectores productivos esperan que la gestión de Punta Catalina garantice energía estable y costos razonables, especialmente en un contexto económico donde el encarecimiento de la canasta básica y la presión sobre las tarifas eléctricas generan preocupación. La percepción de transparencia y eficiencia en la administración de la planta podría fortalecer la confianza en las instituciones y mejorar la imagen del gobierno ante la ciudadanía.
Finalmente, la decisión de volver a confiar Punta Catalina a una empresa internacional no solo involucra criterios técnicos, sino también estratégicos y financieros. Un manejo profesionalizado podría atraer inversión adicional, garantizar la continuidad de la producción y sentar un precedente sobre cómo se deben gestionar los activos estratégicos del país. La discusión, por tanto, no es solo sobre quién administra la planta, sino sobre cómo asegurar que su operación sirva al interés nacional de manera sostenible y responsable.