20 Oct 2026 · RD jablador.com
Política

Abinader promete bajar la gasolina: ¿Cumplirá su palabra?

El presidente se pone de pie para bajar la gasolina

Santo Domingo está cansada. Las calles, llenas de tráfico y humo, parecen respirar un aire de tensión constante por los precios que suben sin aviso. En medio de este clima, el Presidente Luis Abinader ha lanzado un mensaje que hace ruido en todas partes: «Yo quisiera empezar a bajarla». No es una promesa formal con fecha y número de decreto, pero es una declaración clara que llega como respuesta directa al clamor popular. Una ciudadana común preguntó cómo afecta esto a sus bolsillos, y el jefe de estado respondió con honestidad: quiere que la gasolina sea más accesible.

La realidad del combustible en República Dominicana

Sin embargo, entre el deseo y la realidad hay un abismo. Para entender por qué este tema enciende tantas pasiones, hay que recordar cómo funciona el mercado. La gasolina en nuestro país no es solo agua mezclada con combustibles; tiene impuestos, tarifas de importación y fluctuaciones del dólar que nadie controla desde la Oficina Nacional. Cuando el precio sube, lo primero que se siente es el golpe en las lonjas, los taxis que tardan más en llegar y las familias que deben elegir entre llenar el tanque o comprar arroz para la cena.

  • El costo de vida ha crecido año tras año.
  • Los transportistas cargan con cargas más pesadas y menos ganancias.
  • La inflación global hace que importar combustible sea cada vez más caro.

Abinader reconoce esta realidad. No niega el problema; al contrario, lo abraza como una responsabilidad gubernamental. Pero la pregunta que se queda flotando en el aire es: ¿qué plan hay detrás de esa declaración? ¿Será un ajuste fiscal drástico? ¿Una reforma tributaria que traslade la carga desde los impuestos a los consumidores hacia el estado? O ¿será solo un gesto simbólico para calmar las aguas mientras los mercados internacionales dictan su propia ley?

En República Dominicana, la palabra del presidente tiene mucho peso, pero también hay mucha desconfianza adquirida. Recordemos promesas anteriores que no se cumplieron a tiempo o que fueron interpretadas como retórica electoral. Por eso, cuando Abinader dice «quisiera empezar a bajarla», muchos escrutan cada palabra buscando pistas concretas. No basta con decirlo; hay que demostrarlo. Las estadísticas de inflación, el valor del dólar y los reportes de la industria energética son los jueces implacables de esta promesa.

Mientras tanto, las familias dominicanas siguen esperando. Ellas saben que el precio del combustible afecta no solo a sus automóviles privados, sino a todo el sistema logístico del país. Si la gasolina sube, suben los precios en todos lados: desde el pan hasta el medicamento. El gobierno sabe esto mejor que nadie. La presión social es enorme y los oídos del presidente están abiertos al grito de la calle.

Lo que viene será decisivo. Si Abinader quiere cumplir con ese deseo tan claro, tendrá que mover ficha en el tablero económico más difícil que se le haya presentado: reestructurar las tarifas sin colapsar las arcas públicas ni desestabilizar la economía. Será un reto de equilibrio perfecto entre lo ideal y lo posible. Mientras tanto, los dominicanos siguen mirando hacia el horizonte, esperando que esa palabra se convierta en acción real. Porque en Santo Domingo, nadie quiere escuchar más promesas; todos quieren ver resultados tangibles que mejoren sus vidas hoy.

Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.

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