¡Oigan, vecino! Si usted es dueña o dueño de un negocio en Santo Domingo, en Santiago o en cualquier cantón del país, le toca hablar hoy. Los comerciantes dominicanos se han puesto de pie y gritan: ¡Basta ya con estas comisiones que nos quitan el pan de la boca! La situación es grave y no deja paso a nadie. Los dueños de tiendas, ferias libres y mercados están pidiendo al Gobierno que actúe rápido para reducir los intereses de los préstamos y poner orden en las comisiones por pagos con tarjetas de crédito y débito.
El costo del dinero vs. el poder adquisitivo
Imaginen esto: usted trabaja duro, abre su local a las 6 de la mañana y cierra tarde para atender a sus clientes. Pero, ¿cuánto le queda al final del día? La respuesta duele en el alma. Los elevados costos financieros están affecting directamente la rentabilidad de los negocios. Cuando una transacción con tarjeta resta un porcentaje alto por comisión, o cuando se pide un préstamo con intereses que parecen usura disfrazada, el comerciante pierde su margen. Esto no es solo matemática fría; esto es hambre real para las familias que dependen del comercio.
En República Dominicana, donde el precio de los alimentos y los insumos ya subieron mucho, no se puede cargar también con una factura gigante por cada tarjeta que entra a la caja registradora. Los comerciantes advierten que este escenario está afectando su capacidad de reinvertir en sus negocios. Si no hay ganancias reales, ¿cómo comprar más mercadería? ¿Cómo contratar personal nuevo? ¿Cómo mejorar el local? La respuesta es simple: nada.
Un llamado urgente a las autoridades
Las voces que se han hecho escuchar hoy son claras y enérgicas. Piden regularización inmediata. No hablan de charlas vacías ni de leyes que se van a estudiar ‘para el futuro’. Hablan de acción hoy mismo. El Gobierno debe sentarse con los actores financieros y revisar estas tasas. Si el dinero del banco o de la entidad financiera es tan costoso, ¿por qué el Estado no interviene para proteger al pequeño empresario?
Este grito proviene de todos los rincones: desde el centro histórico hasta las colonias populares. El comercio es el motor que mueve la economía dominicana y, si se le apaga a los comerciantes, todo el país se detiene. No podemos permitir que un sistema financiero diseñado para servir termine por devorar al mismo pueblo.
Es hora de escuchar al pueblo de la calle. Los comerciantes no son números en una hoja de cálculo; son trabajadores, padres y madres que sostienen a sus familias con el sudor de su frente. Reducir estas cargas financieras no es un favor, es una necesidad urgente para salvar miles de empleos y evitar que los negocios cierren definitivamente.
La solución pasa por la voluntad política y la intervención estatal directa. Sin ella, las calles se volverán más silenciosas y los locales, uno tras otro, cerrarán sus puertas. El mensaje es claro: ¡baja el precio del dinero para que pueda vivir el pueblo!
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.
