Un doble golpe para el pueblo de Hato Mayor
Lamento inmenso se apodera de toda la comunidad dominicana al enterarse del fallecimiento de la abuela de Liangie Ramírez Reyes, la pequeña víctima de un accidente trágico ocurrido en Hato Mayor. El senador local, Cristóbal Venerado Castillo, confirmó esta noticia con el corazón roto, recordándonos que detrás de cada estadística hay familias destrozadas que apenas encuentran consuelo en el recuerdo.
La niña, de apenas 11 años, perdió la vida tras caer del juego mecánico donde jugaba y que, según se ha reportado, no cumplía con los estándares de seguridad que toda madre exige para su prole. Este doloroso episodio resuena fuerte en nuestra República Dominicana, país donde el cuidado de nuestros parques infantiles es responsabilidad de todos, pero sobre todo de las autoridades encargadas de velar por la integridad física de nuestros niños y niñas. La abuela de Liangie no pudo ver a su nieta crecer más un día; ahora se une al cielo en medio de una angustia que la sociedad entera debe acompañar con silencio y oración.
Este hecho pone sobre la mesa, sin rodeos, la necesidad urgente de fortalecer las normativas de seguridad en los espacios recreativos. No podemos permitir que el juego, momento sagrado de la infancia, se convierta en una sentencia de muerte por descuidos administrativos o falta de mantenimiento. El pueblo dominicano exige respuestas claras: ¿Quién autorizó ese juego? ¿Por qué no fue revisado antes del desastre? Mientras tanto, las familias como la de Liangie esperan que la justicia funcione a la velocidad de la luz para evitar que otros padres sufran lo mismo. La muerte de la abuela añade una capa extra de tragedia: mientras el cuerpo físico descansa, el alma familiar sigue en luto, recordándonos que la verdadera seguridad es un derecho inalienable que debemos defender con uñas y dientes.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.
