¡Oye, vecino! Si te has dado cuenta de que el precio del arroz en el supermercado ha subido como espuma y no ves cómo, es hora de ponerle cara a la cosa. No se trata de especulación ni de vendedores que se han puesto la mano al bolsillo por gusto; detrás de ese grano dorado hay una cadena de costos tan pesada que parece una carga para el propio agricultor. La Federación Nacional de Productores de Arroz, conocida como FENARROZ, ha decidido sacar a la luz las cuentas reales y nos dejan con la boca abierta: producir una sola libra de arroz le cuesta al productor entre 24 y 26 pesos.
Una tarea que pesa diez mil
Ahora, aquí viene el dato que duele en el estómago pero que hay que entender bien. No es solo cuestión de sembrar semillas y esperar a la cosecha. Cultivar una única tarea de tierra arrocera cuesta exactamente 10,000 pesos. Sí, has leído bien: diez mil pesos por trozo de tierra para terminar con ese saco de arroz que luego vas a llevar a casa. Imagina un momento, si al final vendemos el producto y te toca a ti pagar 24 o 26 pesos por libra, ¿cuánto le queda al arrocero después de pagar esa tarea, los insumos, el combustible, la mano de obra y todos los gastos operativos?
Aquí es donde entra la matemática dura del campo dominicano. Si nos ponemos a hacer cuentas con una calculadora real, vemos que el margen de beneficio para el productor es mínimo, casi inexorablemente comprimido por la inflación y los costos logísticos. La complejidad de la cadena no es un cuento; es una realidad que golpea duro en cada etapa: desde el campo hasta la bodega, pasando por el transporte y la distribución.
¿Y qué pasa si algo falla? El arroz es un producto perecedero, necesita humedad controlada y almacenamiento impecable. Un pequeño cambio en el clima, un aumento en el precio del diesel o una subida en los fertilizantes, y toda esa estructura se tambalea. Los representantes de la FENARROZ no vienen aquí a quejarse por egoísmo, sino para explicar que si el costo de producción es tan alto, bajar el precio del producto final sería condenar al agricultor a la quiebra antes de tiempo.
En República Dominicana, somos un pueblo que vive de lo que produce su tierra. El arroz es nuestra comida bandera, el pan de cada día. Pero para que ese pan llegue a tu mesa sin que te cueste una fortuna y sin que el campesino pierda su sustento, hay que entender este delicado equilibrio. No se puede simplemente exigir precios bajos ignorando la realidad de quien cultiva el grano en las inmensas extensiones de nuestros valles.
La solución no es culpar a nadie, sino trabajar juntos para estabilizar los costos y asegurar que el arroz siga siendo accesible para la familia dominicana. Cuando apoyamos al arrocero, estamos apoyando la economía rural, creando empleos y manteniendo segura nuestra despensa nacional. La próxima vez que compres un arroz, recuerda que detrás de esa bolsa hay una historia de esfuerzo, dinero invertido y mucho trabajo duro.
Es momento de que sepamos el valor real de nuestro alimento y dejemos de ver los precios como números aleatorios en la etiqueta. Entender por qué producir una libra cuesta tanto nos permite tomar decisiones más informadas y apoyar a nuestros propios productores. La verdad, sin adornos, es lo que mejor nos sirve para seguir adelante con dignidad.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.
