4 Nov 2026 · RD jablador.com
Nacional

Samaná enfrenta nueva crisis hídrica en Las Terrenas

El agua invade el corazón del turismo samaniego

En medio de una temporada húmeda que ha caracterizado las últimas semanas en la región este de República Dominicana, Las Terrenas se encuentra nuevamente sumida en una situación crítica. Comerciantes, residentes locales y visitantes que disfrutan del caribeño clima tropical ven cómo sus planes se veon interrumpidos abruptamente por calles que se transforman en ríos efímeros pero peligrosos.

La problemática no es nueva ni aislada; representa un patrón cíclico que afecta a la zona costera. La acumulación de agua ha dejado sin vía de paso importantes arterias locales, dificultando el tránsito vehicular y peatonal. Imágenes captadas y reportadas por medios como Remolacha muestran escenas donde vehículos deben detenerse ante niveles de agua que amenazan sus bajos, mientras que las aceras del centro histórico de Las Terrenas se convierten en charcos profundos que reflejan el cielo tormentoso.

Contexto geográfico y desafíos infraestructurales

Para comprender la magnitud de este evento, es fundamental recordar que Samaná posee una geografía particularmente propensa a inundaciones. La topografía de Las Terrenas combina zonas bajas junto al mar con áreas urbanizadas en valles estrechos donde el drenaje natural es lento. En República Dominicana, aunque existen leyes y normativas municipales sobre construcción y saneamiento básico, la implementación a veces choca con la realidad del suelo saturado y la falta de inversión continua en sistemas de alcantarillado y bombeo eficiente.

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAHI) ha alertado recurrentemente sobre periodos de mayor precipitación, pero la infraestructura urbana, a menudo construida sin considerar suficientemente la capacidad de absorción del suelo o con drenajes insuficientes para los volúmenes actuales de agua, colapsa. Esto no es exclusivo de Las Terrenas; otras zonas costeras como Puerto Plata o Santiago han sufrido episodios similares, evidenciando una vulnerabilidad sistémica en las ciudades dominicanas frente a eventos climáticos extremos.

Impacto social y económico: ¿Quién paga el precio?

La situación actual afecta directamente a la economía local. El turismo es el motor principal de Samaná, y cuando los visitantes no pueden llegar o disfrutar de las playas debido a carreteras anegadas, se pierde ingresos vitales para hoteles, restaurantes y guías turísticos. Además, los comerciantes locales enfrentan daños en sus inventarios y riesgos eléctricos por el contacto del agua con la red eléctrica.

Para los residentes, la vida diaria se vuelve incómoda e insegura. Las inundaciones pueden contaminar fuentes de agua potable si las alcantarillas no funcionan correctamente, creando focos de enfermedades como cólera o hepatitis A. También ponen en riesgo a personas mayores y niños que transitan por zonas inundadas con vehículos lentos o a pie.

A nuestro juicio, la recurrencia de estos eventos no puede atribuirse únicamente a un «mal clima». La falta de mantenimiento preventivo de los canales de desagüe, la ocupación descontrolada de terrenos de riesgo y la insuficiencia en las obras de mitigación son factores humanos que agravan el impacto natural. Cabe preguntarse: ¿dónde están los fondos para reparar el drenaje antes de que llegue la próxima lluvia? ¿Por qué se permite construir en zonas inundables sin estudios hidrológicos rigurosos?

  • Se requiere una auditoría urgente de los sistemas de drenaje en Las Terrenas.
  • Es necesario involucrar a las autoridades municipales y nacionales para coordinar la respuesta inmediata.
  • La educación comunitaria sobre cómo actuar durante inundaciones es vital para salvar vidas.

Hacia una solución sostenible

La respuesta a esta crisis no puede ser solo reactiva. Aunque las autoridades locales y nacionales deben actuar rápidamente para limpiar calles y reparar daños, la verdadera solución estará en la prevención. Esto implica invertir en infraestructura verde, como parques inundables que absorban el exceso de agua, y en regular estrictamente la construcción en zonas de riesgo.

República Dominicana está en un punto de inflexión frente al cambio climático. Eventos cada vez más frecuentes y severos exigen una adaptación estratégica. Las Terrenas no es la única víctima; es un reflejo del desafío nacional. Si el sector público y privado trabajan juntos, es posible transformar esta vulnerabilidad en resiliencia.

Mientras tanto, los residentes y visitantes deben estar alertas. Es responsabilidad de cada ciudadano conocer las zonas de riesgo y tener planes de emergencia. La solidaridad comunitaria será clave para superar estas crisis recurrentes. Solo con una gestión responsable del territorio y un compromiso real con la infraestructura, Samaná podrá seguir brillando como destino turístico sin que el agua se convierta en su mayor amenaza.

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