El rompecabezas del saneamiento en El Embrujo
Nuevamente se avanza con fuerza en los trabajos de saneamiento dentro de la polémica cañada de El Embrujo, una obra que promete transformar el paisaje y mejorar las condiciones sanitarias de la zona. Sin embargo, detrás de la maquinaria rugiendo a todo pulmón, se esconde un misterio legal que tiene al país en vilo: ¿con qué autoridad se ejecuta este proyecto si los permisos ambientales siguen siendo un enigma?
El silencio del MINAM
Fuentes oficiales del Ministerio de Medio Ambiente (MINAM) han salido a la defensiva con una declaración que deja muchas preguntas sin respuesta: aseguran no tener ningún registro sobre los permisos para la ejecución de esta obra. Es decir, mientras el polvo se levanta y el agua fluye por cauces mejorados, el documento sagrado del ambientalista parece haberse evaporado en el aire dominicano.
¿Urgencia o ilegalidad?
En un país donde la burocracia suele ser una carrera de obstáculos, es común que los papeles demoren. Pero en este caso específico, la ausencia total de registros según el propio ministerio levanta sospechas sobre si estamos frente a una verdadera emergencia sanitaria o simplemente a un atajo legal sin precedentes. Los dominicanos sabemos que cuando algo no tiene nombre ni apellido oficial, a veces es porque nadie se ha tomado el tiempo de darlo.
Lo que urge en la cañada
No podemos ignorar el propósito noble de estas obras: mejorar la calidad de vida y evitar riesgos ambientales. El problema no está en hacer la obra, sino en la opacidad con la que se ejecuta. Si bien es cierto que a veces el pueblo necesita soluciones rápidas, no podemos permitirnos construir sobre arenas movedizas legales que puedan colapsar mañana.
La ciudadanía espera ver claridad de parte de las autoridades. ¿Dónde están los papeles? ¿Por qué el silencio del MINAM? Mientras tanto, la cañada avanza, pero la verdad legal se queda quieta, esperando a que alguien decida levantar la cortina y mostrar lo que realmente está pasando bajo la luz del sol dominicano.
Este es un asunto que no solo afecta a El Embrujo, sino que toca las fibras más sensibles de nuestra relación con el medio ambiente. La naturaleza en República Dominicana no pide permiso para existir; nosotros sí debemos pedir permiso para tocarla. Hacerlo sin los documentos adecuados es como intentar cocinar sin sal: el resultado puede ser comestible, pero nunca será rico ni seguro.
Pieza editorial original inspirada en información reportada públicamente. Fuente de referencia: ver enlace.
